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jueves, 15 de abril de 2010

Horrores políticos: responder la violencia con violencia

Ya todos han escuchado, de una u otra fuente, lo que aconteció el Lunes 12 de Abril en la Sede Central de la Universidad de Costa Rica en San Pedro de Montes de Oca. Para nadie es un secreto, y no se pone en duda tampoco, que lo ocurrido ese día lesionó seriamente la autonomía universitaria, así como la dignidad de toda la comunidad de estudiantes, funcionari@s administrativos y profesores(as). Los compañer@s agredidos no solo fueron vapuleados físicamente, sino que además se ofendió su dignidad y derecho a protestar contra lo que ellos consideraron un abuso de autoridad y uso desproporcionado de la fuerza (violación de sus derechos humanos).

Después de ocurridos estos tristes y alarmantes acontecimientos, la prensa burguesa puso en marcha su maquinaria de blanqueamiento (similar a la utilizada para “blanquear” el golpe de Estado en Honduras): se le atribuyó entonces la responsabilidad de las palizas repartidas a los maleducados, a los “chancletudos, vagos y añejos” que protestaron por la incursión de los agentes judiciales en el campus de la universidad pues ellos “obstruyeron la autoridad”. O sea, además de ser humillados, se les hace responsables de la humillación sufrida, como si ellos se hubiesen dado los palos a sí mismos (doble victimización). El mensaje enviado es claro: calladitos son más bonitos, si abres la boca, te rompo el hocico.

Esto no es nada nuevo. En los últimos años los grupos neoliberales de poder económico y político han buscado criminalizar y deslegitimar los distintos movimientos sociales que se oponen a su proyecto de (anti)país. Importantes dirigentes sindicales, activistas que defienden la naturaleza y sus recursos, o que luchan para crear condiciones de vida más equitativas y justas para la mayoría de la población (y no solo para la minoría parapetada en el poder), son perseguidos desde distintos frentes con el fin de desvirtuar sus luchas y atemorizarles. En cierta forma, existe una ideología fascista que se ha ido extendiendo entre estos grupos y que es comunicada a la población a través de sus aparatos de (des)información (de los cuales el periódico La Nación es sin duda alguno la principal maquinaria de “coco wash”), acentuando el fenómeno de la “falsa conciencia”. Eso explica porqué mucha gente humilde vota a candidatos que promueven políticas que agravan sus vulnerabilidades, como la recién electa presidenta Laura Chinchilla, que busca continuar con las reformas neoliberales que dilapidan los recursos naturales, entregan en concesión importantes actividades económicas tales como la construcción de infraestructura y la actividad portuaria, deteriorando la situación ya de por sí precaria de un importante sector de la población. La “falsa conciencia” también explica el porqué sectores significativos de la población están de acuerdo con la incursión policial en nuestra universidad, y aplauden a pies juntillas, sin comprender mucho del asunto, la garroteada que le dieron a nuestros compañeros y la grave ofensa la autonomía universitaria. Estos estereotipos han sido internalizados y son reproducidos por muchas personas a diario: para ellos lo que dice Telenoticias y La Nación es Santa Palabra.

De allí que sea tan peligroso el responder violencia con violencia. Y me refiero, específicamente, a los grupúsculos de estudiantes autodenominados anarquistas (apuesto a que ninguno leyó nunca a Kropotkin, a Bakunin, mucho menos la crítica al terrorismo contenida en Trotski, y sé que él no es anarquista, pero es un importante referente de las izquierdas, incluyendo la izquierda anarquista) que tiraron bombas molotov y piedras durante el bloqueo realizado el pasado Martes 13 de Abril frente al ingreso por Derecho. Este grupo de alborotadores (que se creen muy anarcos, muy punks por que usan doctor marten’s color cherry red, andan boina y escuchan la polla) demuestra con su accionar una seria deficiencia de lectura política de la coyuntura en la que nos encontramos (o sea, una falta de análisis de las fuerzas en juego, de sus potencialidades y debilidades, del contexto social en el que se enmarca la lucha, para generar desde dicho análisis un plan de acción). La legitimidad del uso de la fuerza en una lucha social no depende de cuan noble o bondadosa sea la causa que se persigue, sino del contexto social en el que se inserta esta lucha. Luego, lo importante es la legitimidad que las acciones violentas puedan tener en espacios sociales más amplios, léase, la simpatía que pueda generar entre la población en general y la capacidad de articulación política (potencial convocador) de dichas acciones violentas. Si no existe legitimidad, dichas acciones están condenadas al fracaso. La Revolución Cubana no hubiese podido triunfar si no hubiese gozado de legitimidad ante el conglomerado social, legitimidad que significó el apoyó de la gran mayoría de la población al Movimiento 26 de Julio. Doscientos viejos no hubiesen podido ganar una revolución sin la simpatía y apoyo de sus paisanos. Si no se toma en cuenta el tema de la legitimidad, el uso de la violencia, no importa cuál sea la causa que se defiende, es contraproducente desde el punto de vista de los objetivos que buscamos alcanzar.

Lo que sufrimos el Lunes anterior, todos y cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria, fue un uso desproporcionado de fuerza. Nuestras acciones de protesta deben condenar enérgicamente el uso de la violencia contra nuestra población universitaria. ¿Cómo podemos protestar contra la violencia con más violencia? ¿Qué tienen que ver los civiles en este asunto? ¿O es, acaso, que el director del OIJ venía pasando por allí y por lo menos le cayó un molotov encima? Yo le pregunto a los integrantes de ese grupúsculo: ¿Es que ustedes creen que con sus acciones van a organizar una revolución y van a lograr articular a toda la población en torno a sus ideas, y no me refiero únicamente a la población estudiantil, ya de por sí polarizada, sino toda la población del país, a la que ya no le hace nada de gracia nuestros bloqueos y nuestras marchas?

No es nuestra culpa que la UCR haya perdido legitimidad, de eso se ha encargado la prensa. Pero este grupo de revoltosos y seudo anarquistas sí es responsable de darle la razón a todos los que piensan que “en la U somos un poco de vagos y personas violentas sin ningún respeto por los derechos de los demás”. La burguesía nos está cobrando el ser fuente de pensamiento crítico y resistencia, el haber resistido contra el Combo del ICE y el TLC. Pero nuestra resistencia debe ser inteligente, no una respuesta visceral que se sigue de las pasiones del momento. No en vano somos parte de una de las principales instituciones de enseñanza superior de este país. Este grupo de alborotadores y terroristas, que no hay otro nombre para nombrar a la persona que atenta irresponsablemente contra civiles que nada tienen que ver en el conflicto, lo único que están logrando es ensuciar el nombre de nuestra universidad. Son irresponsables, no se han preocupado por hacer un trabajo político con los estudiantes, no se han tomado el tiempo de hacer una lectura crítica de la coyuntura y creen que todavía estamos con los bloqueos contra el TLC, durante los cuales gozábamos de mucha más legitimidad de la que tenemos actualmente. Para ellos es más fácil reunir varas de bambú, untarse vinagre en los pañuelos (cuando no han tirado ni siquiera los gases lacrimógenos), taparse la cara (como vándalos, como si algo temieran) e ir a bloquear una calle (que de por sí ni es importante desde el punto de vista de los intereses de la burguesía), eso es muy fácil compañeros seudo anarquistas, eso cualquiera lo hace. Yo les pregunto: ¿qué beneficio obtienen de ello? ¿aparecer en tele? ¿agrandar vuestro ego?

Debemos condenar enérgicamente a lo interno de la UCR las acciones de este grupo, que cree que por beligerantes son más inteligentes políticamente, que cree que por irse a estar parados cinco horas tirando piedras frente a las cámaras tienen más huevos, o más tetas (porque eso es lo que ellos piensan, creen que quienes no les apoyan son cobardes).

Es necesario pensar con cabeza fría el contexto en el que nos encontramos, hacer una lectura crítica y responsable y desde allí plantear las acciones a seguir para defender nuestra autonomía universitaria. No podemos combatir la violencia con violencia. Debemos buscar los medios para articular a la población en torno a nuestra lucha, ganar su apoyo y limpiar el nombre de nuestra institución (que ensució la burguesía) de forma pacífica. La violencia solo conducirá a más violencia y en ese campo siempre llevamos las de perder (yo que sepa en la u no tenemos holligans profesionales). En la UCR somos estudiantes, investigadores, trabajadores, generadores de pensamiento crítico de la realidad social, somos promotores de la acción social (para aquellos que dicen que ellos pagan nuestra educación con impuestos, nosotros retribuimos al país con nuestro trabajo). No somos trogloditas, no somos terroristas, salvo un puñado de excepciones que a mí no me identifican, que a mí no me representan.

viernes, 19 de marzo de 2010

Una ciudad para ciegos

La ciudad fue hecha por los dioses de la razón y la conveniencia,
vea usted todo este asfalto y esas cortinas metálicas
y estas cámaras que todo lo ven
estos parques sin árboles y estos autos sin alma,
pase la lengua por esta pared de hormigón
cubierta de cuita de paloma y smog
pase la lengua usted por estos muros de indiferencia antiséptica;
pero por favor no vuelva a ver a esos perros menos que perros
que se arrastran por nuestras bellas e higiénicas avenidas,
no vea usted a ese niño danzando en el monociclo de la prostitución
bajo los falsos tachos de un semáforo cualquiera
y los neones que promocionan la ignominia.


No escuche usted los aullidos de esos escuálidos estómagos,
tenga cuidado,
no acerque la mano,
que en la boca de esos zaguates
solo se perfilan ofuscadas dentelladas de envidia.


Vea usted, preste atención a esta ciudad,
tan bella,
tan limpia,
tan falta de humanidad
tan diferente de esos perros que son una plaga peor que una plaga
atrincherados en las esquinas hediondas a orina
aferrados con poderosas ventosas a sus cartones,
a su precario refugio
a sus sueños de niñez devastada.


Venga usted, siéntese en esta silla,
beba una cerveza don Opulencia,
no pose sus ojos frente al espectáculo mendicante de la miseria
hágase de oídos sordos al hambre de los niños zaguates
déjeles danzando en su monociclo sin ruedas
dando inútiles vueltas en el Circo de la Carencia,
no preste atención a sus zapatos ausentes,
a su mirada vacía de esperanza.

Beba beba,
apure el vaso,
no escuche,
no vea.

(Marzo 2010)

martes, 9 de marzo de 2010

Barrio marginal

He de decir, sin importarme ser tachado de romántico, o incluso, de antifuturista, que siempre he preferido saberme andando por los caminos de lastre de mi barrio que entre la amalgama de concreto, basura y asfalto de la mierdópoli.
Mi barrio es zona de desastre, un botadero clandestino de productos tóxicos, un mercado de abortos, un latifundio abandonado por la burguesía hace dos décadas debido a la sobre-irradiación con plutonio y a al derrumbe de las minas de coca. 
No importa. 
Para mí es un florido animalario de espantosa belleza, espectáculo itinerante de fenómenos y monstruosidades, muestra folclórica de bestias indómitas y, al mismo tiempo, extrañamente amables. Hórridos vecinos pasan frente a mi casa orgullosos de sus mutaciones, dan los buenos días cada mañana, comentan el fútbol de la noche anterior mientras se pasan una mano, o lo que queda de ella, por las escasas hebras de pelo que cubren sus destartaladas cabezas. Un perro de cinco patas mueve la cola-brazo para rascarse las yagas purulentas y los niños patean una rata gorda con zapatos de verdugo inmisericorde como la muerte misma. La rata-balón se transforma, entre espasmos y hemorragias, en una masa amorfa y zarrapastrosa que baila sobre el lastre hirviente del mediodía, de un lado a otro, de zapato en zapato, hasta que llega al hocico pútrido del sarnoso canino que, en medio de espumarajos y gruñidos de excitación, le da la estocada final, o, más precisamente, la última mordida. La diversión acaba entonces para los niños, ángeles negros aniquilados por el cobalto o alguna otra mierda radioactiva. Inmediatamente cambian el blanco de sus patadas: el perro es cubierto por un alud de furiosos zapatazos del que sale mal librado. Mas nadie lleva cuentas de cuántos miembros te componen y en cuántos te descomponen. La destrucción es un juego, y a los niños también les tocará su parte. En mi barrio, quienes más y mejor patean son los adultos…
Aquí la gente es sincera. Natural es un calificativo más justo. En la ciudad todo es falacia. La realidad pasea ataviada con andrajos de diseñador entre luces de neón y manos ansiosas de mendigos. La realidad no es más que una puta de pueblo que viaja por primera vez a la ciudad y se vuelve loca yendo de shopping.
Yo por eso me quedo con mi barrio marginal, con sus ratas y mis bestiales vecinos, matando el tiempo y uno que otro animalejo.

lunes, 8 de febrero de 2010

Otro Domingo 7

i
Los nicromantes de la derecha lo recomiendan, la experiencia empírica lo constata: el domingo siete no falla. Algo bueno debían dejar los comunistas.
Después del primer domingo 7 (el de Octubre del 2007), tanto me dolió la derrota que me sumergí en una vorágine de prostíbulos y fumaderos de opio, me enclaustré en un búnker en El Monte y me descerebré durante una larga temporada. Colgué los caites, huí a Puerto Viejo, dejé de militar con partidos de izquierda. Me volví un revolucionario de escritorio…
Hasta que tanta mierda me sacó nuevamente del letargo, y creí absurdamente que todo se solucionaba con mi voto. La realidad (o más bien, la oligarquía) me pateó el culo; me alertó del secuestro de “la democracia”, del descuartizamiento de la constitucionalidad. Tanta sustancia alucinógena me impidió advertir el momento preciso en que la democracia tornóse dictadura. Por eso decidí parar la fiesta, bajarme de la carreta, salir del búnker, a votar, y ver qué pasaba. En resumen, quería “rescatar a mi país”.

Pero no pasó nada. La realidad es una escalera espiral de desgracias: el tiempo circular infinito de la tragedia.

ii
Es necesaria la autocrítica; preguntarse a uno mismo ¿qué hice durante los últimos cuatro años por mi país? ¿Cómo colaboré a construir democracia inclusiva y directa?
Me la he pasado en una pura masturbación intelectualoide, citando de memoria a filósofos griegos y alemanes, como si eso me hiciera menos esclavo, menos alienado. Me siento como esos famosos filósofos contemplativos que Marx criticaba en las tesis sobre Feuerbach (ahí voy de nuevo citando de memoria): ¿cuántas veces intento modificar mi realidad? La deformo con sustancias, un sueño de opio de mil cañas… Cuando se acaba el ride ahí están los indigentes de Chepe, rogando por una teja para pegarse un farolazo; ahí siguen mis compas gays, discriminados y perseguidos; ahí seguimos los pobres, cada día más pobres y oprimidos.

Hoy vuelvo a levantarme después de un Domingo 7, sin aprender todavía que esos días cabalísticos es mejor no salir de la cama. Me topé una presa hijueputa frente a la Asamblea Legislativa de camino al curro y la llovizna daba ese toque hollywodense a la escena; en las calles todavía yace un mierdero de signos externos, una alfombra de desechos multicolores pagados con mis impuestos, mismos que financian las Toyotas Prado en que el partido Alienación Nacional se pavonea por todo el país, como el gran terrateniente que ya no pasea a caballo sino que va en su deportivo utilitario, con el cadáver putrefacto de “la democracia” hecha un parchón de tripas y sangre en el mataburros.

Ya no me sorprende. A mi corta edad sé que siempre ha sido así, y siempre lo será. Los locos que han nadado contracorriente siempre han muerto despedazados bajo la bota avasallante de la oligarquía. La esperanza se me disloca. Yo me refugio tras la barricada de mi cómodo escritorio, aceptando mi responsabilidad por pendejo, por que las revoluciones y los cambios sociales no se operan desde un Blog, ni desde Youtube. Y escribo porque es lo que siempre hago, escribir borrajadas que leen 10, 15 ó 20 viej@s y que son quienes alimentan la esperanza de que un cambio es posible. Comodidosamente desde mi cómodo escritorio pienso que, en realidad, no hay nada que se construya desde las urnas: votar es un signo de fe, como el torero que se encomienda a dios antes de agarrar a la bestia por los cuernos. Esta pobre “ciudadanía” que se equipara al ejercicio del voto es una falacia.
Por eso no me canso de luchar. La democracia se construye desde las calles y es preciso comenzar a trabajar desde hoy.
¡Abajo la demofalacia!