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viernes, 18 de junio de 2010

¡Qué no está muerto quien sigue hablando después de tieso!

Créditos caricatura: William Medeiros (en: www.toonpool.com)



Siempre llegamos adonde nos esperan.
Del Libro de los Itinerarios
José Saramago (El viaje del elefante)

Se consumió la vida de uno de los más grandes escritores que he tenido la oportunidad de leer. Se consumió su vida, mas no su existencia: desde hace tiempo vengo repitiendo que la inmortalidad de estos personajes radica en su cualidad de seguir hablando después de tiesos, como Ricardo Reis, como Nietzsche, como Alonso Quijana.
Queda conmigo el Alentejo, su Evangelio de la liberación y la mofa, la remoción de la marca de Caín. Quedan conmigo los dos libros que me firmó hace unos años, justo por estas épocas en que la lluvia se empecinaba en mojar mis angustias.

lunes, 22 de febrero de 2010

El dios de los ejércitos: Caín de José Saramago


Hay algo que encuentro sencillamente maravilloso en la literatura de José Saramago: el cómo me hace reír a pesar de la inmundicia sobre la que trate su(s) libro(s). No todos sus libros son así. Hay varios en los que no me pasó por la cabeza reír (por ejemplo, Levantado del suelo). Él le es fiel a su pesimismo (que no es fatalismo), y ese pesimismo, ese particular humor nihilista es lo que encuentro atractivo en su literatura y es lo que lo convierte en un genio. Hace días no dejo un quote, así que dejo dos por todos los que no he subido.

"Así se calmó la ira de dios, pero antes de que el pueblo se dispersase todavía se oiría la estentórea voz clamando, Estáis avisados, quien la hace, la paga, yo soy el señor."
Caín, pp. 127

"Como queda de sobra demostrado, el señor, además de estar dotado por naturaleza de una excelente cabeza para contable y ser rapidísimo en cálculo mental, es, lo que se puede decir, rico. Todavía asombrado por la abundancia en ganado, esclavas y oro, fruto de las batallas contra los madianitas, caín pensó, Está visto que la guerra es un negocio de primer orden, tal vez sea incluso el mejor de todos, a juzgar por la facilidad con que se adquieren en un visto y no visto miles y miles de bueyes, ovejas, burros y mujeres solteras, a este señor habrá que llamarle algún día dios de los ejércitos, no le veo otra utilidad, pensó caín, y no se equivocaba."
Caín, pp. 118 - 119